El daño que no se ve
Después de un accidente, no todas las secuelas son físicas. Ansiedad, insomnio, ataques de pánico, fobia a conducir o a cruzar la calle, irritabilidad y estrés postraumático son consecuencias frecuentes. El daño psicológico es real y también se indemniza.
Cómo se manifiesta
- Ansiedad y angustia: sensación permanente de peligro o preocupación.
- Fobias: miedo a manejar, a viajar en auto o a caminar por la calle.
- Trastornos del sueño: insomnio, pesadillas o sueño interrumpido.
- Estrés postraumático: recuerdos intrusivos, evitación y hipervigilancia.
- Impacto en la vida diaria: dificultades laborales, familiares y sociales.
Cómo se prueba
La prueba principal es la evaluación de un psicólogo o psiquiatra, junto con la historia clínica y los informes de tratamiento. En el juicio, un perito puede determinar la existencia y la intensidad del daño. También sirven los testimonios de familiares y las constancias de sesiones.
Qué se reclama
- Tratamiento futuro: sesiones de psicoterapia y, si corresponde, medicación.
- Incapacidad psíquica: si el daño afecta la capacidad de trabajar o de relacionarse.
- Daño moral: el sufrimiento y la alteración de la vida cotidiana.
No lo minimice
Muchas víctimas no mencionan el daño psicológico porque sienten vergüenza o creen que “no es para tanto”. Sin embargo, ese sufrimiento tiene valor económico y debe ser reparado. Consulte antes de firmar cualquier acuerdo.
El daño psicológico no se ve, pero se prueba y se indemniza. No deje que la aseguradora lo ignore.
¿Siente ansiedad o miedo después del accidente?
No minimice lo que le pasa. Consúltenos para evaluar el daño psicológico.